Viene circulando en estas fechas navideñas una amable invitación hecha por el Vance Center de Nueva York, en concurrencia con el doctor Javier de Belaunde y la ONG Ciudadanos al Día de Beatriz Boza, para que los principales estudios de abogados de Lima suscriban la Declaración de Trabajo Pro Bono para el Continente Americano. En otras palabras, para que los estudios de abogados presten servicios legales gratuitos “por el bien público”, durante, al menos, 3 días al año en favor de los más necesitados.
La letra de este hermoso villancico neoyorquino es que “los abogados tienen la responsabilidad de prestar servicios legales pro bono público. Esta responsabilidad se deriva de la función de la profesión legal en la sociedad, y de su compromiso implícito con un sistema legal justo y equitativo”. Suena muy bonito, como toda canción de Navidad. Lamentablemente, lo que desafina es el argumento.
Lo primero que yo me pregunto es, ¿por qué un abogado “tiene la responsabilidad” de trabajar gratis para los más necesitados? ¿Por qué esa “responsabilidad se deriva de la función de la profesión en la sociedad”? ¿Qué tiene que ver, o cuál es la relación directa, entre un sistema legal justo y equitativo y la prestación de servicios legales gratuitos para los más pobres?
Todas estas preguntas quedan respondidas cuando entendemos cabalmente lo que es un trabajo pro bono: CARIDAD. Y la caridad es, por supuesto, una hermosa virtud humana. De más está decir que personalísima, porque tiene que ver “con la grandeza del corazón”. Por eso es que nadie tiene la “responsabilidad” de ser grande de corazón. Uno puede tener la oportunidad de demostrar tal grandeza, pero nunca la responsabilidad. La caridad no es un deber; por el contrario, es la manifestación más bella de la libertad individual.
Así pues, la función de la profesión legal en la sociedad, así como la de cualquier profesión laica, no es ni será jamás hacer caridad. La única responsabilidad del abogado es dar el mejor consejo a su cliente para resolver una controversia con honestidad. Si el consejo lo da gratis es asunto únicamente suyo, sin “declaraciones” figuretis de ningún tipo. Y, por más buenas intenciones que tengan los suscritos, la caridad no resuelve ningún problema relacionado con la justicia o la equidad del sistema legal, tal como la caridad de los clubes de damas no resuelven el problema de la injusticia y desigualdad social.
Por el contrario, cuando se pretende hacer del altruismo una obligación, se abre la puerta del derecho para cualquier injusticia totalitaria. “Por el bien público” ha sido siempre el hermoso pretexto con el que se han consumado los crímenes, tropelías y despojos más abominables. De ello pueden dar fe los fantasmas de las navidades pasadas, presentes y futuras.