¿Se han dado cuenta, queridos amigos, que en la política peruana el honesto es bruto y el corrupto vivo? ¿Es decir, que la malicia política es virtud del sinvergüenza mientras que la estulticia es el patrimonio del honrado? ¿En otras palabras, que en el Perú estamos fregados porque no parece haber término medio?
Francis Allison, ex ministro de Estado del gobierno aprista, ex alcalde distrital solidarista y ex pepecista, es el caso emblemático de la inteligencia política puesta al servicio del crimen. Digo “inteligencia política” porque es justo decir que sin esta un pigmeo intelectual como Allison no hubiera podido embaucar a todos los que embaucó para llegar a sentarse al costado del Presidente en Palacio de Gobierno. O sea, si engatusó al más cuco de los cucos políticos, como es Alan García, el tipo era más vivo que una ardilla. Hasta que la represa que construyó con sus mentiras se desbordó ahogándolo en el lodo.
Yo lo conocí oficialmente a través un amigo periodista intachable y muy bien informado que acababa de empezar a trabajar para él. Fue un día antes de que lo nombraran ministro, asunto del que el alcalde no tenía ni la más remota idea. Quería contarme de sus proyectos para… ¡combatir el crimen! El crimen, para él, eran los pájaros fruteros. Había que meterlos presos porque no podía ser que el que robara un celular quedara impune. Bueno, ahora entiendo por qué quería que la soga se rompiera por ese extremo. Mi amigo el periodista estaba entusiasmado de colaborar con esta joven promesa de la política. Luego, al día siguiente, ya juramentado, cortó toda comunicación con mi querido amigo. Es que le habían dicho que le caía gordo a Alan. O sea, el chico maravilla navegaba en la vida política con bandera de pirata, embarcando y desembarcando a todo el mundo según soplaban los vientos.
Pero si unos trafican con bandera de pirata, otros van por ahí con bandera de cojudos. Y en política los pasmarotes, aunque honestos, no sirven para nada. Javier Bedoya de Vivanco quiso hacerse el chistoso con el caso Allison. Dijo que las juntas de los últimos meses, o sea las del gobierno aprista, lo habían llevado por la senda del crimen. Y que era poco elegante que el Presidente lo negara, indignándose. ¿Quiso sacar provecho? Provecho, señor: Las últimas juntas políticas de su hermano, otro ex alcalde como Allison, no fueron con el Apra precisamente, y terminó preso por corrupto. Y su partido tuvo, gracias a Dios, la suficiente inelegancia e indignación para botarlo.
O sea, ¿este señor Bedoya es amigo o enemigo del PPC? ¡Cómo puede ser posible que el vicepresidente de un partido sea tan políticamente necio para poner a su grupo en la picota cuando no tenía ninguna vela en el entierro de Allison! ¡Oiga, mejor cállese la boca, por el amor de Dios! ¿No digo? Entre piratas y pasmarotes, está bien jodido el Perú.