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BENAZIR BHUTTO (28/12/07)
Ricardo Vásquez Kunze, foto, abogado de la Pontificia Universidad Católica y analista político, Perú

Era una mañana cualquiera de un día como cualquiera cuando, ejercitándome en el gimnasio de mi casa, de pronto, Raúl Vargas interrumpió la emisión radial de RPP para dar cuenta de que Benazir Bhutto, la primera mujer en haber liderado democráticamente un país del mundo islámico y en campaña electoral para retomar el poder en Pakistán, había sido asesinada. La voz de Vargas anunciaba ya que esa mañana del jueves 27 de diciembre de 2007 había dejado de ser un día cualquiera. En ese momento sentí una languidez seguida de una profunda y aplastante tristeza. Una emoción muy grande. Un frío. Una humedad en los ojos. Supe entonces, como lo he sabido en otras contadas ocasiones, que había muerto, de súbito, sin esperarlo, alguien importante, en el sentido antiguo de esa palabra.

No tengo ninguna esperanza de que en un país como el Perú, inmerso siempre en debates farsescos, el asesinato de una mujer como Benazir Bhutto tenga algún interés para alguien. Pero como hace tiempo que yo ya me independicé del Perú y sus debates y escribo en realidad para mi mismo, debo decir por qué me ha afectado tanto este “crimen odioso”.

En primer lugar porque tengo una terrible debilidad por las mujeres con valor y mucho más aún cuando ese valor se expresa en la política. No es cualquiera quien siendo mujer en una cultura terriblemente estúpida donde la religión manda que quien no tiene un pene nació para servir y obedecer a quien sí lo tiene, llega a la cúspide del poder adorada y respetada por, precisamente, los hombres. Porque Benazir Bhutto no fue cualquier politiquilla como las que pululan por estos lares. No señor. Benazir Bhutto fue la líder indiscutible del partido más grande y poderoso de Pakistán, un país musulmán de 165 millones de habitantes y que, para más señas, es el único Estado islámico que pertenece al exclusivo club de la bomba atómica. Eso es ser grande en el antiguo sentido de la palabra.

Pero, en segundo lugar, porque siendo mujer, es decir, teniendo todo en contra en la sociedad islámica, representó los ideales laicos de los derechos y las libertades civiles e individuales y los hizo florecer en el corazón del pueblo. Por eso la mataron. En fuego cruzado entre los militarotes encabezados por el dictador Pervez Musharraf y la canalla religiosa y fanática de Bin Laden y sus secuaces, los talibanes. Ambos sólo tienen la fuerza y el terror para ejercer el poder. Benazir Bhutto tenía el amor del pueblo.

Hoy ya no está más la mujer que arrastraba masas hacia la razón y la libertad en el mundo islámico. La civilización ha perdido a una Grande. Murió por una de las más bellas causas que puede tener el espíritu humano. Tan bella como fue ella misma.

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