:: RICARDO VASQUEZ KUNZE ::
EL CAL DE ARENA (23/11/09)
Ricardo Vásquez Kunze, foto, abogado de la Pontificia Universidad Católica y analista político, Perú

Dar unas de cal y otras de arena significa que alguien recibe liebre y gato al mismo tiempo. La cal es sinónimo de bueno, de noble, de calidad. La arena todo lo contrario. Ambos eran, sin embargo, necesarios para construir cualquier cosa, al menos en la Edad Media. Pero cuando la cal es lo mismo que la arena entonces el edificio construido es una estafa que terminará cayendo sobre nuestras cabezas. Ese parece ser el caso del Ilustre Colegio de Abogados de Lima, el CAL.

Lo primero que habría que decir es que ya nadie construye con cal y arena porque simplemente no estamos en la Edad Media. Pero el CAL es una institución de la Edad Media. Una corporación que se arroga la representación de todos los abogados de Lima y sin cuyo beneplácito ninguno de esos abogados puede ejercer su profesión. Este monopolio mercantilista tiene un mercado cautivo de abogados que no le debe nada al CAL, pues en nada ha contribuido a su educación profesional, sea esta pública o privada.

En efecto, un abogado no es abogado porque el CAL lo diga, sino porque ha recibido un título profesional a nombre de la nación. Que la educación sea buena o mala es otro problema, al cual el CAL no le da solución alguna. Y, sin embargo, cualquier profesional egresado de una universidad buena o mala tiene que matricularse en un colegio de abogados para poder trabajar en lo que estudió. ¿A santo de qué, digo yo?

A santo, dice el CAL, de un seguro de sepelio y un club de mala muerte. Eso es todo lo que ofrece. Oigan, ¿pero por qué los abogados no pueden ser libres de elegir el seguro de sepelio que les da la gana y afiliarse al club que mejor les parezca, incluidos los del propio CAL? Es más, por qué a alguien que no le interesan los “servicios” de los colegios de abogados tiene que estar obligatoriamente afiliado a uno para poder trabajar. Esto es una clara violación a la libertad de asociación y una inconstitucionalidad flagrante.

Pero al CAL no le entran balas. No contento con monopolizar la asociación de los abogados de Lima, monopoliza también su voto. Este 28 de noviembre son las elecciones al decanato y el que no vota tiene una multa de 200 soles. O sea, el voto es obligatorio y la multa es ¡tres veces más cara que por no votar por el presidente del Perú! De lo que se trata aquí es, obviamente, de afianzar una burocracia y sangrar a los asociados cautivos para mantenerla.

Y el premio gordo se lo lleva el decano que podrá figuretear sobre la Constitución y las leyes –que el CAL no respeta– en cuanto canal de televisión le ponga una cámara al frente, para luego candidatear a algún cargo público o pavonearse en su tarjeta con la huachafería de “past decano del Ilustre Colegio de Abogados de Lima”.

No contribuyo con un sol desde hace años a esta farsa. Gracias a Dios no litigo y tampoco necesito que el CAL me habilite para nada. Amo la libertad y para mí esta es una cuestión de conciencia. Así que, por favor, no me molesten más. Quiero estar solo. No me gustan los castillos de arena aunque se llamen CAL.

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