:: RICARDO VASQUEZ KUNZE ::
FLATOS DE GUERRA (17/08/09)
Ricardo Vásquez Kunze, foto, abogado de la Pontificia Universidad Católica y analista político, Perú

El presidente de Venezuela, Hugo Chávez Frías, ha advertido, casi en tono de anuncio, que en Sudamérica soplan vientos de guerra. El culpable de esta nefasta ventisca es, según él, su vecino colombiano Álvaro Uribe. Su pecado, facilitar la presencia militar estadounidense en siete bases colombianas que, en el marco del Plan Colombia, reforzarían la lucha contra el terrorismo de las FARC y el narcotráfico. Esta es, para Chávez, una declaratoria de guerra, no solo para Venezuela sino para toda Latinoamérica. Declaratoria que, de más está decir, es de los Estados Unidos.

A Chávez le parece intolerable que el imperialismo yanqui vuelva a poner las botas por estos lares, dados los antecedentes nada respetuosos del Tío Sam. Pero la verdad de la milanesa es que lo que a Chávez le revienta es que a su propio proyecto imperialista “bolivariano” le hayan puesto un dique, aislándolo de todos sus satélites, aliados y futuras víctimas. En suma, que le hayan avinagrado su sueño imperial.

Chávez, que es más vivo que una ardilla, juega a sus anchas con el secular complejo de inferioridad de todos los países latinoamericanos respecto de los Estados Unidos, el “gran culpable” de todos nuestros males. Y como solo unidos podremos hacerle frente, Chávez se ha convertido, en esta última década, en el campeón de la unidad latinoamericana. No hay, por cierto, ningún problema con esa unidad, si no fuera porque esta es concebida por él como “su” unidad. En otras palabras, no puede haber unidad si no es en los términos del proyecto seudoideológico de Chávez.

De ahí que el que está en su contra está contra la unidad y es un “lacayo del imperialismo yanqui”. Y es precisamente en nombre de esa unidad que Chávez ha dejado chico hace mucho en estas tierras al tristemente célebre imperialismo de las barras y estrellas. No hay presidente más interventor en los asuntos externos de otros países que Hugo Chávez. Amenaza con guerras, insulta a sus pares, denuesta contra los organismos internacionales, banca candidatos afines, interviene en campañas electorales, en fin. Pero esto no es todo. En los últimos cinco años Venezuela incrementó su gasto militar en 78%, superando de lejos a cualquier país de la región.

Y mientras se queja de las supuestas bases norteamericanas en Colombia, él se prepara para abrir en su país plantas de fabricación de armamentos rusos, poniendo primeras piedras que después se convertirán en los Kalashnikov que terminarán en manos de las FARC, como los antitanques que Suecia le vendió a Venezuela.

¿Con qué derecho pues este imperialista caribeño viene a decirle a Colombia que no se prevenga contra su agresión? Chávez ha recibido un pedo en la cara. Eso será siempre mejor que el olor a pólvora con el que tanto delira este mandón.

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