:: RICARDO VASQUEZ KUNZE ::
DINNER JACKET (14/12/09)
Ricardo Vásquez Kunze, foto, abogado de la Pontificia Universidad Católica y analista político, Perú

Mi bella e inteligente colega de estas páginas, doña Patricia del Río, no me ha podido dejar indiferente ante su última columna Sorry, Nana, en la que denuncia un aparente acto de discriminación de la familia presidencial hacia su personal doméstico. El hecho, según relata la señora Del Río, es que la nana a cargo de los niños de la hija mayor del presidente, asistió al desfile vestida de blanco y a varios pasos atrás de su patrona, que conversaba con una amiga. Luego, a diferencia del presidente y su familia sentados en primera fila de sus tribunas respectivas, a la nana se le asignó un discreto lugar en la tercera fila de los invitados. Esto ha hecho que doña Patricia quede emocionalmente chocada.

El argumento de la señora Del Río es que la Gran Parada Militar es un “evento cívico donde todos los peruanos merecemos ir en igualdad de condiciones”. No lo creo. Si fuera cierto lo que dice la señora Del Río, no habría un protocolo donde el jefe del Estado preside el desfile, seguido por los presidentes de los otros poderes públicos. Si todos los peruanos fuéramos iguales, entonces el presidente de la Corte Suprema no se habría sentido desairado por ocupar un sitio que no le correspondía y que ocupaba, sin derecho alguno, el ministro de Defensa, Rafael Rey.

Se ha indignado doña Patricia porque la nana iba siguiendo a su patrona. Pero a doña Patricia, como a todos, nos parece absolutamente normal que sea el edecán el que vaya atrás del presidente. Siendo que el edecán del presidente García es negro, pues ni a la señora Del Río ni a nadie sensato se le pasa por la cabeza que la raza del edecán es la que lo ha puesto a la cola del presidente.

¿Qué falla pues en el razonamiento igualitario de la señora Del Río? Lo primero es que la igualdad no es más que una ficción legal que, para más señas, tiene una legión de excepciones, tal como lo demuestra el orden de precedencia en el desfile patrio. Y lo segundo es que la igualdad antropológica es un cuento chino. Sí pues, señora Del Río, no todos los hombres somos iguales. Los hay con calidades y sin ellas y, por lo general, los que no tienen muchas están abajo y los que tiene algunas están arriba. Pero, en todo caso, si todos tuviéramos cualidades parecidas, entonces, quienes van detrás de otros no van porque sean humanamente inferiores, sino simplemente porque ocupan una situación inferior en la sociedad.

¿Que esto está mal? Tampoco lo creo. Las jerarquías son importantes pues distinguen a las personas y promueven el mérito. Ninguna jerarquía se mantiene en el tiempo sin mérito y el de nuestra clase dirigente está hace mucho en agonía. Yo, por eso, como solo. Pero puedo hacer una excepción e invitar a cenar a la señora Del Río. Le aseguro que tendríamos una deliciosa conversación, con caviar incluido.

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