Con el fracasado paro nacional de la última semana y la juramentación del nuevo gabinete se ha concluido con la crisis política que durante más de un mes mantuvo al Gobierno a la defensiva y al país en un estado de turbulencia, como no se veía desde que el presidente García asumiera el gobierno en 2006. También se ha desinflado la crisis social que se inició sangrientamente en Bagua y que se expandió en el centro y sur del país.
En la lógica política, el gabinete incapaz de hacer frente a la situación de emergencia que golpeó al régimen se ha ido y los principales responsables del fracaso han terminado fuera de la escena principal, luego de haber salvado la cara –al menos eso creen ellos—sobreponiéndose a una censura en el Congreso.
En la lógica social, las sobrevaloradas expectativas económicas, alentadas irresponsablemente por el propio gobierno, se han desembalsado en el último mes con gran violencia, pero como ninguna emergencia puede durar indefinidamente y la vida finalmente continua, al igual que el Gabinete Simon, los revoltosos han terminado también en sus casas.
Así, dependiendo de cómo se maneje el Gobierno en los próximos seis meses y asumiendo que ha sacado las debidas conclusiones de la crisis, no creo que vuelva a repetirse ninguna de la magnitud de esta última. Porque el hecho es que el próximo año, cualquier demanda sociopolítica se canalizará en las elecciones municipales y regionales, a las que le siguen casi inmediatamente las elecciones generales de 2011. Las campañas electorales y las elecciones serán así el gran campo de batalla de los insatisfechos.
Dicho esto y con las elecciones a la vuelta, la pregunta para quienes respaldan al régimen político y económico constitucional está en si harán política o se limitarán, como en los últimos quince años, a hacer de payasos de circo. No dudo que en toda campaña electoral cierta payasada es imposible de evitar. Pero los tiempos que corren no están ya para Chicharrón y Media Suela, los legendarios payasos de Fiestas Patrias.
Si alguna lección debe quedar clara de esta crisis es que los únicos que en realidad están haciendo política son aquellos que quieren cambiar de sistema político. Ellos son los que agitan, organizan y convencen. Ellos los que han ocupado el espacio en los caseríos, pueblos y ciudades. Ellos, por lo tanto, los que han paralizado un mes al país. Para que sufran una derrota política y electoral, sus rivales deben agitar, organizar y convencer en caseríos pueblos y ciudades. El liberalismo político, económico y social ya dejó hace rato de correr solo. Para ganar, esta vez los seguidores del sistema deben respirar política, comer política y soñar política. Es simple cuestión de supervivencia.