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:: RICARDO VASQUEZ KUNZE ::
¡GISELA TE VE! (11/05/07)
Ricardo Vásquez Kunze, foto, abogado de la Pontificia Universidad Católica y analista político, Perú

Gisela Valcárcel siente que, después de años de disfuerzos en la televisión, tiene la suficiente experiencia y autoridad para liderar una campaña ciudadana contra la televisión basura. Qué es basura y qué no lo decide, por supuesto, Gisela. Investida con esa sabiduría la señora promueve un boicot contra un programa y una revista de chismes que el último fin de semana la sacaron de sus casillas. Como en sus mejores mediodías, Gisela apela a sus “señitos”. No vean el programa, no adquieran la revista, dice entre líneas. Y rechacen los productos que los auspician. O sea, no compren panadol efervescente, benitil expectorante, ni se vistan con Renzo Costa porque “yo soy Gisela Valcárcel, yo he hecho una carrera y porque quiero”. En fin, la señora que “da de comer” a la televisión basura quiere mandarla a la basura.
Hace años, yo también pensaba como Gisela, aunque entonces para mí la basura era su programa. Mis pergaminos para censurarla eran haber estudiado en un colegio francés, terminado una carrera en la Universidad Católica y tener cierta afición a la “cultura”. Gisela me parecía un bodrio. Verla sentada hablando como un loro, insoportable. ¿Cómo está esta mujer en el aire?, me preguntaba. ¿Con qué derecho pontifica sobre todo?, reflexionaba. ¿Cómo pueden verla?, rabiaba. ¿Cuándo la sacan?, suspiraba. De nada sirvieron mis denuestos para que mis allegadas no la vieran. Su reinado duró diez años hasta que la gente se cansó de ella y la mandó a hacer ruleros.
Entonces comprendí que yo no era nadie para censurar a otros aunque sí era alguien para censurarme a mí mismo. Si el programa de Gisela me parecía un chasco, pues me lo parecía a mí y punto. Si otros la veían era su problema, no el mío. Porque, a fin de cuentas, la única censura que funciona es la que se funda en la convicción de que lo que se rechaza es malo. Y yo no puedo hacer de mi convicción la de los otros. Ni Gisela ni los anunciadores ni nadie se puede erigir en la conciencia de los demás. No todos somos iguales. Ese es todo el asunto. Y por eso es que los personajillos están donde deben estar, en un programa de chismes faranduleros, que es el que se ocupa de ellos.
Gisela quiere salir de allí después de haber sido la reina de la farándula. La mejor manera es la desaparición: de ella, no de los demás. Eso sí sólo le compete a ella.

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