Tal vez este artículo me traiga problemas pero me importa un bledo. En todo caso me consuela que mayores problemas tiene ya el protagonista del mismo, el doctor James Watson, premio Nobel de medicina y descubridor del ADN. Sus últimas declaraciones a The Sunday Times lo han puesto en el index de la comunidad científica y en la hoguera de la opinión pública internacional. Porque, para pasmo e indignación de muchos, entre los que me incluyo, el doctor Watson se ha atrevido a decir que “los negros son menos inteligentes que los blancos”. Y aunque el científico norteamericano ha espetado que “todas las pruebas muestran que es así”, lo cierto es que no ha podido presentar hasta el momento ninguna prueba científica, es decir, verdadera, de que lo que él afirma es como dice. No ha aprendido pues Las lecciones de una vida aplicada a la ciencia, su último libro publicado esta semana en Inglaterra.
Y este es el meollo de este artículo para quien quiera interpretarlo de buena fe: la reivindicación de la verdad, es decir, de la única verdad posible que es la de la ciencia. Digo esto en una época en que -y el vulgo no tiene por qué saberlo-el pensamiento está ensombrecido por dos grandes tótemes que han hecho de la verdad un fenómeno de circo. Me refiero al posmodernismo, por un lado, y al moralismo, por otro. Porque mientras para los posmodernos la verdad es un síntoma inequívoco de apolillamiento intelectual y de estupidez supina (“no hay hechos sólo interpretaciones” es su lema preferido, que, confieso, alguna vez me sedujo), es decir que para ellos la verdad es una mera ficción; para sus antípodas en el pensamiento, los moralistas, la verdad es una cuestión revelada por el consenso infalible de la opinión pública de la humanidad.
De ahí resulta que manoseada impunemente por podsmodernos y moralistas, la verdad se convierta en una payasada. Pero lo cierto es que no hay algo más serio que la Verdad, con mayúsculas. Y por eso es que las que la ciencia descubre, como cuando el doctor Watson lo hizo con el ADN, son irrefutables. Una prueba de ADN establece la verdad de que fulano es hijo de mengano o de que zutano estuvo en la escena del crimen jalando el gatillo. Aquí no hay interpretación posible y poco importa lo que diga la opinión pública.
Por eso es que me han dejado pasmado las afirmaciones de Watson, uno de los científicos que más ha contribuido a afirmar la existencia de la verdad en un mundo de charlatanes (los posmodernos) y supercheros (los moralistas). Porque si existiesen razas¿? más o menos inteligentes que otras, eso sólo podría ser establecido no por las conjeturas de Watson, ni por las condenas morales de la opinión pública, sino por la elemental verdad de la ciencia. Watson dice que gracias al ADN esto será posible en diez años. Pues veremos. No debe asustarnos la verdad.