“Night creatures call/ And the dead start walk in their mascarade/ There’s no escapin the jaws of the alien time/ (They’re open wide)/ This is the end of your life”.
A la pobre Lourdes Flores ya la mataron a los 50 años, misma Michael Jackson. Esta vez no fue el Propofol del doctor Conrad Murray el que la puso a dormir para siempre, si no la prensa (el Propofol) y los opinólogos (el doctor). Incluso, como con el rey del Pop, ya empezaron también a repartirse sus votos, aquellos que no han sido depositados en las urnas.
¿Pero en realidad está muerta Lourdes Flores para la política como cuentan los periódicos? ¿Ha sido su vuelo con los Cataño-Carhuallanqui su último vuelo? ¿Peruvian Airlines la ha llevado al cielo con Papá Lindo? Me temo que, para decepción de muchos y espanto de otros, a diferencia de Jackson, Lourdes Flores podría haber muerto de mentiras para resucitar de verdad si es que logra que este nuevo thriller funcione y tenga éxito.
No se trata, por supuesto, de la ya trillada frase de que en el Perú no hay cadáveres políticos. Se trata más bien de que en política lo que debería ser, por lo general, pero sobre todo en el Perú, no es. Y, efectivamente, debería ser que una líder política que se relaciona empresarialmente con un controvertido personaje sin nombre, investigado por una supuesta conexión con el narcotráfico, termine sus días en la fosa común de los políticos sin suerte.
Pero resulta que, para suerte de Lourdes y tal vez de la política, Peruvian Airlines, la compañía de los Cataño-Carhuallanqui, de la que Lourdes es polémica presidente, es peruana. Y lo es en un país donde la única línea aérea que vuela actualmente es chilena. Este solo hecho marcaría la diferencia entre la vida y la muerte (política) de la señora Flores. Para nadie es un secreto que en el Perú la inmensa mayoría odia a los chilenos.
Ese odio es el que haría disparar las sospechas populares de que “los chilenos están detrás de todo”. No les conviene la competencia y, por supuesto, menos aún la de una línea aérea “de bandera” como la que sueña Flores.
A largo plazo el cargamontón cae antipático y la resistencia simpática. Y si a esto añadimos que doña Lourdes es vista como honesta y los Cataño-Carhuallanqui como los típicos “cholos” que, sin saber ni hablar, se han hecho de abajo, entonces no sería de extrañar que, por más polvo blanco que levanten los medios, el vulgo termine solidarizándose con Lourdes y desairando a sus detractores. Y, mis queridos amigos, aquí y en todas partes el vulgo es la mayoría. Y en una democracia la mayoría manda. Tal vez, para sorpresa de la prensa y los opinólogos, ese termine siendo el verdadero thriller. Para mí, en cambio, el verdadero thriller es trabajar. Sí. Pobre Lourdes.