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ENEMIGO MÍO (19/10/07)
Ricardo Vásquez Kunze, foto, abogado de la Pontificia Universidad Católica y analista político, Perú

Las enemistades políticas siempre venden, me dijo un conocido mío con un ejemplar de Correo en una mano y de La Primera en otra, enseñándome emocionado la tesis, antítesis y síntesis de una polémica entre mi querido amigo Aldo Mariátegui, director de este diario, y César Hildebrandt, columnista del otro, al que no tengo el gusto de conocer. De que las ventas de ambos periódicos deben haber alcanzado picos inéditos esta semana, no tengo dudas, yo mismo me vi en el compromiso de comprar, lo confieso, La Primera y -espero-- última de mi vida.

Pero si las ventas de diarios son una cosa, otras bien distintas son las enemistades políticas. Para éstas se necesita, creo yo, algo más que el sorprendente desencuentro de dos peruanos por el inexpugnable idioma y los hermosos habitantes de Helsinki. Es más, por paradójico que parezca después de los ríos de tinta gastados por Finlandia, o sea, por el fin del mundo, me propongo demostrar que es Finlandia, precisamente, la que pone en evidencia la convergencia política de los polemistas.

Carl Schmitt decía que “la distinción política específica a la que pueden reconducirse todas las acciones y motivos políticos, es la distinción de amigo y enemigo”. El sentido de esta distinción “es marcar el grado máximo de intensidad de una unión o separación, de una asociación o disociación.” En este sentido, el enemigo político es “el otro, el extraño”. Pero no cualquier “otro”, sino aquél que representa la negación de nuestra propia manera de existir, o sea de nuestros valores y creencias, “y en consecuencia hay que combatirlo para preservar la propia forma esencial de vida.”

Sinceramente creo que ni Aldo Mariátegui ni Hildebrandt podrían negar que Finlandia es un ejemplo de sociedad y de país digno de imitar por el Perú. Mariátegui y Hildebrandt son republicanos. Finlandia lo es. Mariátegui y Hildebrandt son demócratas. Finlandia lo es. Mariátegui y Hildebrandt creen en las instituciones y no en los caudillos. Finlandia es un ejemplo de institucionalidad y alternancia en el poder. Mariátegui y Hildebrandt creen en el estado de Derecho como antídoto contra la corrupción. Finlandia es el país menos corrupto de Europa y del mundo. Mariátegui y Hildebrandt valoran, con matices, la libertad económica y el estado de bienestar que ésta apareja. Finlandia es un importador neto de capital para financiar su crecimiento económico y el bienestar de su pueblo. Mariátegui y Hildebrandt detestan a Chávez, a Castro y se burlan de Bush. Supongo yo que en Finlandia también.

“Enemigo no es pues cualquier competidor o adversario. Tampoco es el adversario privado al que se detesta por cuestión de sentimientos o antipatía. Sólo es enemigo el enemigo público.” Y aquí, por lo visto, lo único público es la coincidencia de los valores políticos esenciales de ambos personajes. El resto es silencio.

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