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:: RICARDO VASQUEZ KUNZE ::
PAÑALES A PLENITUD (13/07/07)
Ricardo Vásquez Kunze, foto, abogado de la Pontificia Universidad Católica y analista político, Perú

Me encanta la abuelita Martha Hildebrandt. Y me encanta porque siendo abuelita no tiene pelos en la lengua aunque sí creo que por su edad le están saliendo algunos en el cerebro. Eso, por supuesto, es un problema desde que (A) y no (A) terminan siendo la misma cosa, al menos para ella. Y en una lingüista eso es fatal. Resulta que la venerable anciana, entrevistada este último miércoles en RPP, con toda la razón del mundo, exigía indignada la plena vigencia del estado de derecho, es decir, el imperio de la ley y el orden contra el “gobierno” de la turba. Nuestra reliquia viviente de la cultura nacional pedía que el Estado se hiciera respetar, a las patadas de ser necesario, y desalojara a la chusma que hoy se ha enseñoreado de aeropuertos y carreteras en todo el país. “No hay derecho”, decía la furibunda señora --y yo también con ella— de que una gavilla de facinerosos sólo vea por sus intereses y le importe un pepino el derecho de los demás. Todo el rigor de la justicia, pues.
Pero la vejez es cruel. Sobre todo con la memoria. Porque apenas unos días antes, la misma señora encargada de hacer las leyes y evocarlas con pasión contra la delincuencia travestida en magisterio, recomendaba con esa misma vehemencia pisotear la ley y el orden porque, según decía, en el Perú no había justicia. Las leyes son un desastre, el Poder Judicial una porquería y las cárceles un infierno. Y así, según la deslenguada abuelita, si con razón o sin ésta, ella se viese alguna vez encausada por la ley y el orden, “yo me las pico”. Ése era el consejo que le daba a todos los compatriotas y extranjeros, en especial al requisitoriado candidato a senador japonés, Alberto Fujimori, a un paso ya del Japón.
Y doña Martha seguía con su imperturbable argumento. Cada uno, decía, debe velar por sus intereses. Lo otros, dice que le dijo a Fujimori cuando éste evaluaba su candidatura japonesa para evadir el orden jurídico peruano, son nada. Piense en usted y en nadie más. Qué leyes ni qué ocho cuartos. Simplemente, píqueselas. En otras palabras --las mías-- hágase la pichi en el derecho de los demás.
Y bueno pues, por lo visto los consejos de la abuelita han hecho escuela. Los delincuentes le han tomado, junto a carreteras y aeropuertos, la palabra. Una palabra que ya chochea. Y “no hay derecho” que la lingüista no pueda jubilarse antes de que sus palabras necesiten pañales a plenitud.

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