Lourdes Alcorta, militante del PPC y congresista de Unidad Nacional, no está de acuerdo con que Javier Bedoya, vicepresidente de su partido, lidere la Mesa Directiva del Congreso acompañado por el Partido Nacionalista Peruano (que finalmente no estuvo en la lista perdedora de Bedoya por la que Alcorta votó). Para la señora Alcorta eso no va con sus “principios”. Argumenta que las ideologías del PPC y del PNP son incompatibles. Por lo tanto, le repugna que Bedoya y el PNP se hubiesen sentado en la misma mesa para administrar el Congreso.
Igual que la Alcorta piensa la periodista Cecilia Valenzuela y con ella una legión de colegas que desde sus tribunas pontifican sobre “la falta de coherencia ideológica” del PPC. Mi siempre entrañable amigo Aldo Mariátegui profetiza incluso su extinción mientras nos hace saber su disgusto por el mercado de los platos de lentejas.
A mi me encanta el mercado y más aún los platos de lentejas. Por eso será que me gusta tanto la política. Porque la política es, queridos colegas o amigos, el mercado de los platos de lentejas por excelencia. Esta simple verdad me fue revelada de muy niño cuando, leyendo los mejores cuentos que puede leer un mocoso, o sea los libros de Historia, me impresionó profundamente la célebre frase con que Enrique de Borbón, legítimo heredero al trono francés y campeón del “partido” protestante, justificó su conversión al papismo para poder ceñirse la corona de “rey cristianísimo” de Francia. “París bien vale una misa”, dijo quien se convirtió luego de años de infructuosos intentos por llegar al poder en Enrique IV, el monarca más querido por el pueblo francés (y así como éste tengo otros cien cuentos que contarles. El del príncipe Sihanuk de Camboya y su alianza con Pol Pot para recuperar su trono es una delicia).
Bueno pues, si Enrique IV pudo soplarse una misa por París, por qué Bedoya no habría podido sentarse, para presidir el Congreso (¡del Perú!), al costado del PNP en la Mesa Directiva, sin abjurar --como sí lo hizo el rey-- a sus principios. ¿O sea que Lourdes Alcorta y demás demócratas se creen mejores que un rey de Francia? Por favor, ¡en qué mundo vivimos! Hijitos, ubíquense: ¡Qué se han creído!
Basta pues de tanta moralina. Basta de pontífices de la corrección política. Basta de fanáticos. Basta ya de tanta histeria. Basta de tanta pituquería barata. Que ni el mercado apesta ni los platos de lentejas dejan de ser manjar dignos de un zar.