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ROTOS Y DESCOSIDOS (11/01/08)
Ricardo Vásquez Kunze, foto, abogado de la Pontificia Universidad Católica y analista político, Perú

Esta segunda semana de enero, apabullado por el calor, me he visto obligado a refugiarme en las compras en los grandes almacenes de la capital donde el aire acondicionado es, qué duda cabe, uno de sus principales atractivos. En esos trajines por la frescura me he dado cuenta, con escalofrío, de cuán importante se ha convertido Chile para la economía y la política de ciertos sectores del país y de cómo su influencia es decisiva, para mi pasmo, para su supervivencia, lo que, como es obvio, los pone en una situación comprometida.

Y no me estoy refiriendo, claro está, a los grandes almacenes chilenos, Saga y Ripley, en los que me ventilaba. Más bien, saliendo de uno al otro, en plena calle, en un kiosco de pasquines de titulares iridiscentes, fue que la sombra de Chile se me hizo ominosa. Ahí descubrí por fin el poder que Chile tiene para mantener a flote los negocios de la prensa, de la milicia y de la politiquería en el Perú. Porque, en efecto, sin Chile de por medio, la suerte de estas viejas instituciones patrias estaría poco menos que echada.

Los militares, por ejemplo. Hace tiempo que pasó a la historia eso de que lo único que dura en el Perú es lo que tiene uniforme, como decía con gracia el amigo Fernán Altuve. Porque los tiempos han sido crueles con los uniformados. Desde que sus comandantes generales se equivocaron de país enemigo y se dedicaron con ahínco a saquear las arcas nacionales en la década del Chino, para retirarse con uniforme de presidiarios (Hermosa, Saucedo, Villanueva Ruesta y Chacón), los militares no han vuelto a ser lo que fueron: árbitros supremos de la vida política del Perú. Con ese “currículum” es difícil que alguien pueda ser árbitro supremo nunca más, a no ser como “Padrino” de una familia siciliana. Si a eso agregamos la bonanza económica y el clima de paz regional que parece por fin irreversible, ¿para qué sirven los militares sino para los desfiles? Ese es el tema. Y por lo tanto, su último negocio es: ¡Oigan, somos necesarios, Chile todavía existe!

Chile también le da de comer a cierta prensa, lo que me parece un horror. De hecho hay algunos diarios que quebrarían en el acto si Chile despareciera del mapa. Y como si desaparece Chile desaparecen también los militares o lo que queda todavía de ellos, pues adiós portadas, adiós mercado de chauvinistas y adiós ganancias, que de eso es de lo que se trata, ¿verdad?

Finalmente, y esto es lo peor de todo, una legión de políticos peruanos y aspirantes a políticos viven por y para Chile. El que quiere un titular: ¡Chile! El que quiere unos votitos para la próxima elección al Congreso: ¡Chile! El que no quiere que lo olviden, faltaba más: ¡Chile!

Chile es negocio. No hay duda. Y que siempre hay un roto para un descosido, tampoco. Qué pena que en el Perú los descosidos hayan terminado siendo prensa, políticos y uniformados.

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