Me temo que al pobre Chicho Mohme no le debe quedar ya mucho tiempo como presidente del Consejo de la Prensa Peruana. Su situación, luego de las denuncias bien documentados de la periodista Cecilia Valenzuela este último miércoles es, por decirlo diplomáticamente, delicada. Un líder de la libertad de expresión, de opinión y de prensa acusado, con razonables indicios, de usufructuario y cómplice de un mafioso corruptor, precisamente, de la libertad de expresión, de opinión y de prensa, no parece ni siquiera en el Perú el hombre más apropiado para presidir el susodicho Consejo. Tal vez sea el hombre apropiado para una investigación fiscal, un juicio y una sentencia y, sobre todo, para con la espada de Damocles sobre la cabeza, vender sus acciones en el canal más poderoso del Perú.
Porque lo cierto es que, ya que de propiedad estamos hablando, entiéndase ésta como se quiera, no parece lo más apropiado para el único socio de Mhome en América Televisión, o sea el reputado diario El Comercio, cargar con el lastre que significa una virtud en entredicho como la de don Chicho. Como Presidente del Consejo de la Prensa Peruana era, sin duda, un lujo en la sociedad El Comercio, Bavaria (que ya vendió todos sus bártulos a El Comercio) y La República. Como candidato a San Jorge la cosa cambia, naturalmente.
Resulta pues justo y necesario que don Chicho comprenda que, de seguir las denuncias documentadas en su contra sobre su comandita con el mafioso Montesinos, estaría perjudicando la buena reputación y credibilidad de América Televisión y, por supuesto, de su socio El Comercio. Sobre todo si estas denuncias salen no de la boca de un mafioso como José Francisco Crousillat, preso por sus trapacerías, sino de la intachable voz de Cecilia Valenzuela, a la sazón, lideresa de la moral y las buenas costumbres de la prensa nacional.
Don Chicho debería pues aprender que no se puede jugar alegremente con la reputación de sus socios. No señor. Habiendo sido él mismo socio de Bavaria en América Televisión, tiene que saber en carne propia qué significa que un socio como lo fue Bavaria termine embarrado en un asunto de mafiosos: que tenga que vender, con justa razón, su participación al socio más solvente (y que para más señas lo desenmascaró enalteciendo el periodismo), o sea, al reputado diario El Comercio.
Así que pronto tendremos pues las albricias de un magnífico negocio para un magnífico periodismo libre de lacras mafiosas. Felicitaciones doña Chichi.