“Todos somos culpables”, ha dicho el Presidente García. Todos: los muertos en primer lugar por subirse cuando vivos al bus equivocado para ahorrarse los centavos que no tienen; los gobiernos regionales por su incapacidad de controlar lo que les corresponde, o sea, que en sus regiones los transportistas cumplan con la ley; la policía, suponemos, por rascarse sabe Dios qué cosa con la mano armada de esa misma ley; y, finalmente, paramos de contar porque el Presidente no quiso mencionar a su gobierno y a su ministra de Transportes entre los culpables del holocausto en que se han convertido las pistas del Perú.
En buen romance, si todos somos culpables, nadie es culpable, nadie es responsable de nada. Esa es la filosofía política del Presidente García. “Dejemos esa costumbre subdesarrollada de estar buscando culpables”, ha dicho este jefe de Estado de primer mundo. “Busquemos soluciones”, no culpables. Y ha propuesto, ipso facto, la gran solución al problema del transporte nacional: la cárcel para todos los culpables. O sea, la cárcel para nadie, que eso es lo que significa la cárcel para todos, baste ver sino si están en la cárcel todos los responsables de las masacres de Lurigancho y El Frontón.
Tal vez el Presidente García no sepa que su filosofía política de ayer y de hoy es la premisa de todos los fascismos, los de derecha y los de izquierda, poco importa. Lo debería haber aprendido ya de su primer gobierno cuando, precisamente, todos fuimos culpables del descalabro en que dejó el país, menos él, claro. Una vez que se fue, ya sabemos qué vino y cómo terminó él. Porque los fascismos y todos sus primos ideológicos y pragmáticos siempre llegan cuando nadie se hace responsable de nada, para más señas, de nada malo. Entonces, ante un pueblo indignado por la mecedora del gran bonetón, los fascismos proclaman la cura del caudillo: por lo menos con nosotros, dicen, habrá un culpable de lo bueno y de lo malo y ése tendrá que asumir su responsabilidad ante el pueblo y la Historia.
En síntesis, el Presidente García y su gobierno están nuevamente, con su incompetencia, alimentando las falacias del fascismo de que sólo un caudillo providencial salvará al Perú de todos sus males, como en el viejo lema del APRA. Que no es así lo prueba, precisamente, el doctor García, un caudillo que ni siquiera sirve para poner orden en las carreteras.