:: RICARDO VASQUEZ KUNZE ::
WE ARE NOT THE CHILDREN (16/11/09)
Ricardo Vásquez Kunze, foto, abogado de la Pontificia Universidad Católica y analista político, Perú

El gran demócrata sir Winston Churchill, campeón de la libertad, decía con una sonrisa en los labios y un puro en la boca que el mejor argumento contra la democracia era hablar cinco minutos con un votante promedio.

Como los tiempos han cambiado desde entonces y la democratización ha seguido imparable, hoy el mejor argumento contra la democracia parece ser hablar un minuto con un alcalde promedio.

Porque el asunto es que a un grupo de “alcaldes promedio” se le ha ocurrido una de esas ideas tan brillantes como prender una linterna en la superficie del sol. Quieren reactivar el servicio militar obligatorio para acabar con las pandillas y las barras bravas que asuelan las ciudades y horrorizan a la gente de bien. Esto, por supuesto, ha causado el profuso aplauso del pueblo.

La “tesis” –para no perder la educación— es que en los cuarteles, los mozalbetes entrarán en vereda en virtud de la disciplina del puntapié y la cachetada.

Confieso que para mí, un ignorante en la materia, siempre me será imposible entender los meandros del pensamiento popular. Me es admirable cómo los amigos del pueblo ovacionan a rabiar esta idea mientras que repudian con toda su alma que los puntapiés y las cachetadas vuelen en los colegios. No entiendo por qué arte de birlibirloque a los niños majaderos no hay que tocarlos ni con el pétalo de un rosa, so pena de hacer un escándalo con marchas y prensa incluida en la puerta del plantel, exigiendo la destitución del mano larga; y, por otra parte, se celebre que a esos mismos hijos, con unos años más, los hagan comer tierra en un cuartel para que vayan por la vereda.

¿No sería mejor que los niños aprendan a ir derechitos por la vida desde el colegio? ¿Y ya que el método para esta futura rectitud está en la disciplina del cocacho, esta se aplique desde el nido? ¿Por qué convertir a los cuarteles en reformatorios cuando deberían ser un club selecto de caballeros profesionales?

Si el mundo en que vivimos está de cabeza es porque una sensiblería vulgar corroe las voluntades y el sentido común. Esto ha hecho que en las últimas décadas un halo de impunidad haya caído sobre la cabeza de los niños. Reverenciados casi como dioses a los que solo hay que dar amor, comprensión y diálogo, los niños de nuestro tiempo han terminado haciendo lo que les da la gana, como buenos dioses.

Y la blandenguería social ha hecho que el que pellizca a un niño sea poco menos que un monstruo. Las consecuencias las estamos sufriendo con la “bolonización” de la sociedad.

El castigo físico prudente y moderado no hace malos niños, los hace mejor. Eso y una clase alta digna de imitar. No hay más que ver qué hombres había hace 150 años y qué “hombres” hay ahora, amigos del pueblo y alcaldes en general.

Si no, pregúntenle al gran demócrata sir Winston Churchill, pata de judas de niño, salvador de Inglaterra en su hora más difícil.

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