:: EL CORREO DEL ZAR ::
:: RICARDO VASQUEZ KUNZE ::
POSESIÓN (30/11/07)
Ricardo Vásquez Kunze, foto, abogado de la Pontificia Universidad Católica y analista político, Perú

Un fenómeno histérico de posesiones en masa sacude al país. Mientras el Presidente García, antiguo militante de las estatizaciones y del perro muerto a las obligaciones financieras internacionales, se convulsiona hoy poseído por el decrépito espíritu de Margaret Thatcher en aparatosas sesiones periodísticas, resulta que, a la derecha empresarial se le ha metido al cuerpo con violencia el alma en pena del que fuera el búfalo Pacheco, pistola, manopla y cachiporra al cinto, todo un aprista de la vieja escuela, que en paz descanse.

La víctima más visible de este poltergeist bufalesco ha sido, para escalofrío de todos, quien hasta hace apenas una horas era la viva encarnación de la phronesis, o sea, de la prudencia. Y es que quienes leemos semanalmente a Pepe Chlimper en este mismo diario no hemos podido más que quedar espantados de su secuestro espiritual que, por lo visto, como están las cosas en este país invadido de espectros, nos puede pasar a cualquiera.

Me consuela pensar que quien amenazaba con entrar a balazos, con su licencia de la DISCAMEC en la mano, para recuperar el puerto del Callao paralizado por una huelga de estibadores si hasta las seis de la tarde de ayer jueves 29 de noviembre los huelguistas no deponían su actitud, no era el phronético Pepe Chlimper sino el frenético espíritu de algún búfalo que hablaba por él. Eso de “yo mismo voy a ir con mi pistola a retomar el puerto de esos malnacidos” es para ponerle los pelos de punta a cualquiera. Más escalofriante todavía si ofrece sus balas al Primer Ministro para, juntos, retomar los muelles y ganarle la “guerra interna” a los susodichos malnacidos. A estas alturas creo que es evidente que al que debemos rescatar sin demora es a Pepe Chlimper del diablo que se le ha metido.

Y por eso, por favor, yo invoco desesperadamente a las autoridades religiosas tanto católicas como judías para que, unidas en la oración, exorcicen de una buena vez y para siempre a los turbulentos espíritus que están alterando las almas de los más distinguidos ciudadanos de la nación. Tengo fe en que la phronesis retornará pronto al cuerpo de nuestro querido Pepe

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