Esta última semana aprendí en México que la diferencia entre la realidad y la metáfora puede ser también una cuestión de latitudes. Digo: cuando en el Perú algún personaje político pide la cabeza de un hombre de prensa incómodo para alguno de sus intereses partidarios, como cuando un congresista aprista cuestiona la contratación de fulana de tal en el IRTP, para petardear al presidente de su directorio, empeñado en despolitizar el canal del Estado; estamos ante una metáfora.
Cuando en México alguien exige la cabeza de un periodista, esta aparece, literalmente, en la puerta de la redacción del diario, del canal de televisión o de la estación de radio, con un mensaje para el director: “la tuya es la próxima”.
Por supuesto que, gracias a Dios, vivimos en el Perú del congresista aprista y no en el México del diputado federal Gerardo Priego Tapia, presidente de la Comisión de Seguimiento a la Violencia contra Periodistas y Medios de Comunicación que, conjuntamente con la Organización Demócrata Cristiana de América y la Fundación Konrad Adenauer, organizaron en la ciudad de Villahermosa, Tabasco, el seminario internacional “Periodismo bajo fuego”, este último viernes 24 de julio.
Nada envidiable pues el trabajo del diputado mexicano que ya ha visto rodar varias cabezas en Sinaloa, Monterrey, Veracruz y Hermosillo, con 52 periodistas asesinados en los últimos 9 años y 9 desaparecidos.
Y es que en México la sociedad ha sido secuestrada por el miedo a las cabezas con tarjeta de visita que dejan el narcotráfico y el crimen organizado y donde, para cualquiera, mencionar la palabra “narco” es una sentencia de muerte. Así pues, son pocos los periodistas que la usan y, cuando los eufemismos ya no sirven para nada, los medios callan. Porque en México la autocensura se ha convertido en una lamentable institución.
Este miedo a perder la cabeza ha hecho decir a Mike O’Connor, ex corresponsal de guerra del New York Times y de la cadena CBS, que los periodistas mexicanos se han convertido en corresponsales de guerra en sus propias ciudades.
Sin embargo, este vía crucis de la prensa mexicana parece no condoler a su propia sociedad. Y he ahí la segunda lección aprendida en esta hermosa tierra. Por qué la libertad de prensa no es relevante en México, se preguntan los periodistas de este foro. Por qué en otros países salen a las calles 10,000 personas a protestar por la muerte de un periodista y en México no sale nadie. Y la respuesta de los colegas mexicanos es contundente: porque en México el periodismo ha estado desde siempre íntimamente casado con el poder político y, por tal razón, pocos le creen y menos le estiman.
Sin duda, un aviso para la prensa ayayera y para que en el Perú, las cabezas rodantes no sean más que una desafortunada metáfora.