:: RICARDO VASQUEZ KUNZE ::
NO SE MANDA A VOLTAIRE A LA BASTILLA (05/10/09)
Ricardo Vásquez Kunze, foto, abogado de la Pontificia Universidad Católica y analista político, Perú

Roman Polanski no necesita presentación. El que no lo conoce mejor que no lea este artículo. Se trata de un genio del séptimo arte que, mientras acudía a recibir el Premio de Honor por la obra de toda una vida en el Festival de Zurich, fue detenido por las autoridades suizas en mandato de una orden internacional gestionada desde los Estados Unidos. Así pues, la gran paradoja de este premio por el genio es que se convirtió, por obra y gracia del Derecho, en prisión.

La historia es harto conocida. En 1977, Polanski, que fotografiaba a la modelo Samantha Geimer, tuvo relaciones sexuales con la mujer. El problema es que la mujer tenía 13 años y, por lo tanto, para la ley era una menor de edad. No he dicho aquí niña porque Geimer era todo menos “niña”. Según Polanski fue la “niña” la que se le insinuó y lo sedujo hasta obtener lo que quería, que el genio se encamara finalmente con ella.

Esta versión, la de Polanski, coincide con los hechos y los dichos de la hoy señora Geimer. Porque resulta que la ex niña precoz ha solicitado formalmente en varias ocasiones a la justicia de California, donde se cometió el supuesto crimen, que se deje en paz a Polanski. Es decir, para Geimer lo que es injusto es la situación de Polanski y no la suya porque fue ella la que lo puso en esa situación injusta, con toda la conciencia del mundo.

Sin embargo, el “espíritu de la ley” no se detuvo ante ninguna de estas consideraciones. Bajo el precepto de que la ley es igual para todos (para todos los que son iguales, pero no para los que no lo son), Polanski, quien se reconoció culpable de relaciones sexuales ilegales, fugó ante la perspectiva de ser perseguido por violación de menores y pedofilia, los cargos imputados por uno de esos jueces puritanos para los que la genialidad es la primera sospechosa de “corromper” a la sociedad.

Porque en realidad ese es el tema de fondo. El de regodearse sentando en el banquillo a alguien fuera de lo común para demostrarle que “el común” es el que manda. Y lo que manda es horrorizarse ante la cópula del artista con la “menor”. Esto, por supuesto, es pura moralina de viejas y viejos clasemedieros sin cultura. Porque si tuvieran algo de mundo, sabrían que en mejores clases que las de ellos, las futuras reinas se casaban a los 7 años con reyes de 60, los que les daban curso a los 13. Y nadie decía pío.

Pero lo peor de todo esto es la hipocresía de una sociedad estúpida. ¿Acaso Paris Hilton no anda enseñando los vellos púbicos cuando sale de su “limo” mientras es el ícono de las “niñas” de EE.UU? ¿Acaso allí los “niños” de 13 no son enjuiciados y condenados como si fueran adultos cuando cometen crímenes? ¿Acaso no fue Geimer tan “culpable” como Polanski?

En mayo del 68, algún imbécil le sugirió a De Gaulle meter preso a Sartre por violar las leyes de la República. El gran hombre respondió: “On ne met pas ‘Voltaire’ à la Bastille”. Esa es la ley del genio.

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