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RACISMO Y CARETAS (31/08/07)
Ricardo Vásquez Kunze, foto, abogado de la Pontificia Universidad Católica y analista político, Perú

¡Qué les puedo decir! Ya me puedo morir tranquilo. Salí en Caretas, la revista ilustrada más famosa del Perú. Ilustrada no por cierto en el sentido de las luces filosóficas que la alumbran, sino en el de las fotos que son, qué duda cabe, la única excelencia de esa vieja revista nacional. La mía, por lo pronto, es encantadora, no por mí, claro está, sino por el ojo maestro del fotógrafo, don Víctor Ch. Vargas, un genio. No puedo decir lo mismo, aunque eso ya no sea novedad, del contexto en que mi nombre y mi foto ilustraron un “informe”, ciertamente informe, sobre el racismo en el Perú. Porque, en efecto, en el Neo Racismo, (Caretas N° 1988, agosto 9/2007), un artículo que pretende denunciar esas prácticas execrables, aparezco, a efectos de una columna mía, como un racista involuntario que, a decir de Caretas, no sabe que es racista porque, como muchos peruanos, lleva el racismo en el subconsciente.

Esa es su interpretación. La mía, por supuesto, es otra. Basta leer mi columna para darse cuenta de ello. Pero respetuoso como soy de las interpretaciones y de acuerdo con Caretas en que todo racismo debe ser denunciado, me extraña que en el informe de Caretas no se haya dicho esta boca es mía de la misma Caretas, en particular de su suplemento Ellos y Ellas, un homenaje a la “gente linda” del Perú, o sea, según Caretas, a la crema y nata de esa “Suiza peruana” que deslumbra semana a semana las coloridas páginas de esa gacetilla social.

Porque, me pongo a repasar sus páginas, las mismas de la edición que denuncia el neo racismo y, ¿qué veo en la portada? El curioso rostro del Oriente Cercano, el de una geisha que para no desentonar con los pigmentos preferidos de la revista, ha sido pintado de...sí, adivinan: ¡De blanco! Unas páginas más allá está Carolina Herrera, linda ella y todas sus hijas, rubicundas, ni qué decirlo. El chef del Segundo Muelle le sigue los pasos, imagínense por qué. La novia Susana Granda está regia con su vestido blanco; el crema, sin embargo, le hubiera sentado mejor para hacer contraste con su hermoso rostro de translúcido pigmento. Las festivas Patricia Israel, Patricia Sanguineti y Jeanina Jagueer, ¿dónde bailan? ¿En Noruega? Y qué bien les queda el bronceado a los Neptunos de Máncora Harry Schuler y el quinceañero Kassian, un toque de color nunca está de más. Pero la tapa es la del álbum de los recuerdos en donde aparece, cincuenta y dos años ha, garbosa y rutilante, doña Ana María Álvarez Calderón de Olaechea, nívea, literalmente, de la cabeza a los pies. A todos estos ellos y ellas los miran -¡paradojas!--, relegados al reverso de la contraportada, los tristes rostros de la miseria, el de los nosotros de la inmensa mayoría del Perú: Grafican un afiche del Día del Niño. De esos niños que por no ser blancos ni rubios como el dulce modelito de la propaganda, no pueden tomar la leche Enfagrow Premium con que Caretas cierra su racista crónica social. Sí pues, era mucho pedir que Caretas se sacara la careta.

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