:: EL CORREO DEL ZAR ::
:: RICARDO VASQUEZ KUNZE ::
CENSURA (05/10/07)
Ricardo Vásquez Kunze, foto, abogado de la Pontificia Universidad Católica y analista político, Perú

El Apra no ha podido caer más bajo. Su última canallada demuestra que del famoso apostolado político y moral de Haya de la Torre sólo queda bazofia. Bazofia para atacar, bazofia para defenderse, bazofia para sobrevivir. En eso se resume hoy la política para algunos herederos de Haya. En eso y en la incompetencia de ni siquiera lanzarla bien, quedando ellos mismos embarrados como han quedado: Velásquez Quesquén, el primero; García, el segundo. Y, por supuesto, Alva Castro pagará por todos ellos con su censura, que de ser sólo la censura de un ministro incompetente se ha convertido ahora en la censura del Apra y de todo un estilo de hacer de la política un estercolero.

Acusar a un ex Presidente de la República de violación requiere, en política, la certeza ABSOLUTA de que tal hecho ha sido cometido y puede ser escrupulosamente probado. Ese es el ABC de quienes no quieren terminar como ha terminado el Apra después de haber lanzado a uno de sus esbirros a acusar sin prueba alguna a Alejandro Toledo, a sea: como palo de gallinero.

En principio, las medias palabras y los silencios de una supuesta prostituta borracha, según todos los reportes de prensa habidos hasta la fecha, no pueden poner en duda la honorabilidad de nadie, menos aún la de un ex Presidente, llámase Toledo o cualquiera. Peor aún si la supuesta prostituta violada se niega, con su madre presente, a hacerse en la comisaría donde armó el escándalo las pericias médico legales para confirmar los escabrosos hechos de su dicho.

Que el señor Toledo haya estado encerrado en una propiedad del señor Pollack en una francachela es asunto suyo y no es ilegal. Que el señor Toledo tenga debilidad por las mujeres del arroyo también es su problema y tampoco es ilegal. Que el señor Toledo haya consumido alcohol y cocaína como afirma alegremente el esbirro del Apra es asunto suyo y tampoco es ilegal. Pero si todo esto fuera cierto, cualquiera se pregunta cómo un hombre de más de sesenta años, alcoholizado y coqueado hubiera podido lograr la hazaña de tener una erección para violar nada menos que a una supuesta prostituta. Y para quien no lo sepa, a las prostitutas se les paga, no se necesita violarlas.

Ahí termina todo este asunto en lo que respecta a Toledo, cuya reputación, gracias al Apra, saldrá fortalecida. Y fortalecida en todos los sentidos. Para los parranderos y putañeros, que no son pocos en el Perú, Toledo se convierte en un ídolo si creen la historia del sexo, drogas y rock and roll, porque lo de la violación nadie se lo cree. Para la gente común, incluso para quienes no comulgaban con él, Toledo aparece como catalizador de una censura total a los métodos lumpenescos del Apra para hacer política. Sea como fuere, esta vez al Apra le han salido los dos tiros de su ya famosa escopeta, por la culata.

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