Aunque la foto más comentada de la semana es, sin duda, la que debemos agradecerle a Gustavo Gorriti quien, con Caretas, le aguó la fiesta a los escabrosos comensales del restaurante Fiesta y cuya difusión liquidó la posibilidad de reeditar a otro García Marcelo en el Tribunal Constitucional, no creo, sin embargo, que sea la foto más importante del momento. Es más, son tres las que la preceden.
La primera, diría yo que es la de la intrascendencia absoluta de la bancada de Unidad Nacional en el Congreso. Intrascendencia porque, a la luz de los hechos a la hora de elegir a los miembros del Tribunal Constitucional, ha quedado demostrado que Unidad Nacional no es sujeto de negociación, como sí lo son la bancada fujimorista, la nacionalista y la de UPP. Unidad Nacional no pudo conseguir el consenso para ninguno de sus excelentes candidatos propuestos simplemente porque el Apra sabe perfectamente que siempre tendrá los votos de Unidad Nacional cuando del “bien del país” se trate. Más importante le resulta pues ganarse el voto de los “chicos malos”, y éstos lo saben perfectamente. Por eso es que los “chicos malos” siempre son sujeto de negociación, mientras que los “chicos buenos” no, porque no tienen nada malo que infligirle al adversario.
La segunda foto es la de un fujimorismo que todo lo que toca, al contrario de Midas, lo convierte en caca. Los dos excelentes candidatos Aníbal Quiroga y Marcos Ibazeta tuvieron que renunciar porque simplemente el fujimorismo tuvo el mal gusto de brindarles su mano embarrada. Y el renunciante magistrado propuesto por Santiago Fujimori al TC no tuvo mejor idea, en la víspera de su elección, que sentarse en una mesa apestosa con Mantilla y López Meneses. Hoy no me queda la menor duda de que el fujimorismo jamás podrá regresar al poder. Su pestilencia es, gracias a Dios, demasiado insoportable para eso.
Finalmente está la foto del Apra. De la Cabanillas y de Aurelio Pastor, que han quedado ante la opinión pública como palo de gallinero. Ellos son, como presidenta del Legislativo y como presidente de la Comisión que evaluó las candidaturas al TC, los visibles responsables de haber convertido al Congreso en un burdel. Cabanillas hizo la elección al caballazo. Pastor se zurró en la más elemental transparencia. ¿Resultado? La cagada que tenemos. Pero lo más importante es ver en la instantánea cómo funciona la “fraternidad” aprista. Es bueno saberlo a la hora de negociar.
Y ahora sí, que empiece la fiesta.