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:: RICARDO VASQUEZ KUNZE ::
FLACO, CANSADO Y SIN ILUSIONES (18/05/07)
Ricardo Vásquez Kunze, foto, abogado de la Pontificia Universidad Católica y analista político, Perú

En el manido debate sobre las bondades de la unicameralidad o la bicameralidad legislativas, hay, entre los numerosos apologistas de ambos sistemas, un consenso absoluto: la verdad de que el Congreso representa a la nación, es decir, de que el pueblo legisla a través de sus representantes elegidos por sufragio.
Establecida esta premisa, el eje de la discusión, sobre la unicameralidad o bicameralidad parlamentaria se circunscribe a cuál de los dos sistemas representa mejor, en el ejercicio de la función legislativa, al pueblo. Sin embargo, esta discusión, que genera ríos de tinta en los diarios y horas de intervenciones en la radio y la televisión, no tiene ningún sentido, pues su origen es una gigantesca ilusión: aquella que confunde la voluntad del representante con la del representado. O sea, que el que hace de mandatario representa, al momento de ejercer tal función, la voluntad del mandante y no la suya propia.
Esto es imposible en la realidad y en la lógica. La voluntad es indesligable de la persona que la ejerce y por lo tanto es propia de cada individuo. No puede, pues, en ningún caso, confundirse o identificarse con la voluntad de otro individuo, aun cuando la voluntad de uno coincida de algún modo con la voluntad de otro. Ahora, la ilusión de la representación nacional se convierte en un delirio cuando el representante ni siquiera está jurídicamente obligado a acatar la voluntad del representado, es decir, a representarlo de acuerdo a su voluntad. Porque, además, ¿cómo podría hacerlo si no lo conoce en tanto que el voto es secreto?
Entonces, la pregunta es: ¿qué sentido tiene discutir sobre cuál sistema legislativo es el más idóneo para mejorar cualitativa y cuantitativamente la representación nacional? ¿Qué objeto tiene debatir sobre la unicameralidad o bicameralidad si en la realidad monda y lironda ninguno de los dos sistemas puede representar más que la voluntad de aquellos que están sentados en su curul? Porque, lo cierto es que, exorcizadas las ilusiones por la razón, ventiladas las ideologías por la realidad, el pueblo no legisla a través de los 120 congresistas del Congreso unicameral, ni legislará tampoco a través de los 170 diputados y senadores de un Congreso bicameral. Eso es una ilusión.
Así, ningún voto confiere representatividad alguna porque ello es imposible. Y el voto popular, en las democracias, se limita a la creación del órgano legislativo. Punto. Ese es el único dato verificable en la realidad y en la ciencia jurídica. El resto es puro cuento.

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